INTERES GENERAL
29/07/2026
De la sequía extrema al riesgo de desborde: las Cataratas del Iguazú, el espejo del cambio climático
Por REDACCION
Puerto Iguazú. La naturaleza volvió a demostrar que su fuerza es tan extraordinaria como impredecible. En apenas unos años, las Cataratas del Iguazú pasaron de exhibir una de las sequías más severas de su historia reciente a registrar un caudal extraordinario que obligó a activar protocolos de seguridad ante el riesgo de desborde.
En 2020, las imágenes recorrieron el mundo: la emblemática Garganta del Diablo prácticamente había perdido su caudal y numerosos saltos permanecían secos. La prolongada falta de lluvias en la cuenca alta del río Iguazú, ubicada principalmente en el sur de Brasil, provocó una situación excepcional que redujo el volumen de agua a mínimos históricos. La histórica bajante afectó no solo al atractivo turístico sino también a toda la cuenca del Paraná.
Hoy, el escenario completamente opuesto. Las intensas precipitaciones registradas en territorio brasileño incrementaron de manera extraordinaria el caudal del río Iguazú, alimentando las cataratas hasta niveles que obligan a restringir actividades náuticas y mantener una vigilancia permanente sobre las zonas más cercanas a los saltos. En los últimos días, el volumen de agua llegó a ubicarse varias veces por encima del promedio histórico, reflejando la enorme variabilidad hidrológica que caracteriza a la región.
Especialistas explican que este comportamiento responde, en gran medida, a la influencia de fenómenos climáticos de gran escala como El Niño, que suele favorecer precipitaciones superiores a lo normal sobre el sur de Brasil y la cuenca del río Iguazú. Sin embargo, advierten que la creciente frecuencia e intensidad de estos eventos extremos también constituye una de las manifestaciones más visibles del cambio climático, que altera los patrones tradicionales de lluvias y sequías.
Lo ocurrido en Iguazú representa un claro ejemplo de la nueva realidad climática: los extremos se vuelven cada vez más frecuentes. Donde hace pocos años predominaban las piedras expuestas por la ausencia de agua, hoy millones de litros por segundo caen con una fuerza capaz de modificar el paisaje, interrumpir actividades turísticas e incluso aumentar el riesgo para visitantes y operadores.
Las Cataratas del Iguazú, una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, recuerdan así que el equilibrio ambiental es cada vez más frágil. El contraste entre la sequía extrema de 2020 y el actual caudal extraordinario constituye una evidencia de que el cambio climático ya no es una proyección futura, sino una realidad que modifica los ecosistemas, desafía la gestión de los recursos hídricos y obliga a replantear la relación entre el ser humano y la naturaleza. La majestuosidad de Iguazú continúa asombrando al mundo, pero también se ha convertido en un poderoso indicador de los profundos cambios que atraviesa el planeta.
En 2020, las imágenes recorrieron el mundo: la emblemática Garganta del Diablo prácticamente había perdido su caudal y numerosos saltos permanecían secos. La prolongada falta de lluvias en la cuenca alta del río Iguazú, ubicada principalmente en el sur de Brasil, provocó una situación excepcional que redujo el volumen de agua a mínimos históricos. La histórica bajante afectó no solo al atractivo turístico sino también a toda la cuenca del Paraná.
Hoy, el escenario completamente opuesto. Las intensas precipitaciones registradas en territorio brasileño incrementaron de manera extraordinaria el caudal del río Iguazú, alimentando las cataratas hasta niveles que obligan a restringir actividades náuticas y mantener una vigilancia permanente sobre las zonas más cercanas a los saltos. En los últimos días, el volumen de agua llegó a ubicarse varias veces por encima del promedio histórico, reflejando la enorme variabilidad hidrológica que caracteriza a la región.
Especialistas explican que este comportamiento responde, en gran medida, a la influencia de fenómenos climáticos de gran escala como El Niño, que suele favorecer precipitaciones superiores a lo normal sobre el sur de Brasil y la cuenca del río Iguazú. Sin embargo, advierten que la creciente frecuencia e intensidad de estos eventos extremos también constituye una de las manifestaciones más visibles del cambio climático, que altera los patrones tradicionales de lluvias y sequías.
Lo ocurrido en Iguazú representa un claro ejemplo de la nueva realidad climática: los extremos se vuelven cada vez más frecuentes. Donde hace pocos años predominaban las piedras expuestas por la ausencia de agua, hoy millones de litros por segundo caen con una fuerza capaz de modificar el paisaje, interrumpir actividades turísticas e incluso aumentar el riesgo para visitantes y operadores.
Las Cataratas del Iguazú, una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, recuerdan así que el equilibrio ambiental es cada vez más frágil. El contraste entre la sequía extrema de 2020 y el actual caudal extraordinario constituye una evidencia de que el cambio climático ya no es una proyección futura, sino una realidad que modifica los ecosistemas, desafía la gestión de los recursos hídricos y obliga a replantear la relación entre el ser humano y la naturaleza. La majestuosidad de Iguazú continúa asombrando al mundo, pero también se ha convertido en un poderoso indicador de los profundos cambios que atraviesa el planeta.







