POLITICA
14/05/2026
¿El certificado de defunción del interior? El 80% de las economías regionales ya no son rentables
Por Jose Manuel Ferrero
El corazón productivo de Argentina enfrenta uno de sus escenarios más complejos en años. Según el último relevamiento elaborado por Coninagro, la crisis económica ha calado hondo en el interior del país, dejando a la gran mayoría de las actividades agroindustriales en una situación de extrema vulnerabilidad.
El estudio, que monitorea las 19 principales actividades del sector, es tajante: solo 4 sectores muestran indicadores positivos, mientras que el resto se debate entre el estancamiento y el colapso financiero.
El análisis arroja un dato contundente: nueve sectores están en crisis (semáforo rojo) y seis permanecen estancados (amarillo). Los sectores más afectados incluyen productos básicos de la canasta familiar y motores de exportación regional:
• Sectores en crisis: Yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, hortalizas, algodón, maní, leche y mandioca.
• Sectores estancados: Forestal, tabaco, porcinos, aves, cítricos dulces, peras y manzanas.
• Sectores con indicadores positivos: Bovinos, ovinos, granos y miel.
"No se trata de una situación aislada", advierte el informe, destacando que economías como la vitivinicultura, el arroz y los cítricos han pasado más de la mitad de la última década bajo condiciones críticas.
El informe identifica una "tormenta perfecta" que erosiona la competitividad de los productores locales. La combinación de factores macroeconómicos ha destruido la rentabilidad en las provincias:
1. Costos al alza: Insumos dolarizados y aumento en la logística.
2. Consumo en caída: Una fuerte retracción de la demanda en el mercado interno.
3. Presión impositiva: Cargas tributarias que asfixian el oxígeno financiero.
4. Dificultades externas: Trabas para colocar productos en el mercado internacional.
La gravedad de estos datos trasciende lo estadístico. En gran parte del interior argentino, estas economías son el principal sostén de empleo y movimiento económico. El deterioro del sector yerbatero en el noreste o del vitivinícola en Cuyo impacta directamente en la estabilidad social de comunidades enteras que dependen de la tierra para subsistir.
El dato refleja una problemática de fondo que se profundiza frente al contexto actual, planteando un desafío urgente para las políticas públicas dirigidas al sector agroindustrial.
El estudio, que monitorea las 19 principales actividades del sector, es tajante: solo 4 sectores muestran indicadores positivos, mientras que el resto se debate entre el estancamiento y el colapso financiero.
El análisis arroja un dato contundente: nueve sectores están en crisis (semáforo rojo) y seis permanecen estancados (amarillo). Los sectores más afectados incluyen productos básicos de la canasta familiar y motores de exportación regional:
• Sectores en crisis: Yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, hortalizas, algodón, maní, leche y mandioca.
• Sectores estancados: Forestal, tabaco, porcinos, aves, cítricos dulces, peras y manzanas.
• Sectores con indicadores positivos: Bovinos, ovinos, granos y miel.
"No se trata de una situación aislada", advierte el informe, destacando que economías como la vitivinicultura, el arroz y los cítricos han pasado más de la mitad de la última década bajo condiciones críticas.
El informe identifica una "tormenta perfecta" que erosiona la competitividad de los productores locales. La combinación de factores macroeconómicos ha destruido la rentabilidad en las provincias:
1. Costos al alza: Insumos dolarizados y aumento en la logística.
2. Consumo en caída: Una fuerte retracción de la demanda en el mercado interno.
3. Presión impositiva: Cargas tributarias que asfixian el oxígeno financiero.
4. Dificultades externas: Trabas para colocar productos en el mercado internacional.
La gravedad de estos datos trasciende lo estadístico. En gran parte del interior argentino, estas economías son el principal sostén de empleo y movimiento económico. El deterioro del sector yerbatero en el noreste o del vitivinícola en Cuyo impacta directamente en la estabilidad social de comunidades enteras que dependen de la tierra para subsistir.
El dato refleja una problemática de fondo que se profundiza frente al contexto actual, planteando un desafío urgente para las políticas públicas dirigidas al sector agroindustrial.







