INTERES GENERAL
29/07/2026
Uso de lámparas Led y Xenón: el riesgo silencioso que crece en las rutas de Córdoba
Por REDACCION
Mientras la seguridad vial suele centrarse en el exceso de velocidad, el consumo de alcohol o el uso del teléfono celular al volante, existe un problema que crece de manera silenciosa en las rutas cordobesas y que, sin embargo, recibe escasa atención por parte de los organismos de control: la instalación de lámparas LED o de Xenón en vehículos que originalmente fueron diseñados y homologados para utilizar otro tipo de sistema de iluminación.
Al respecto, la propia POLICIA DE LA PROVINCIA DE CORDOBA, promociona en su sitio web el uso adecuado de las luces en rutas de la provincia. en su sitio web
Cada vez es más frecuente encontrar automóviles, camionetas y utilitarios que circulan de noche con una intensidad lumínica capaz de encandilar a quienes transitan en sentido contrario. Para el conductor afectado, ese encandilamiento puede significar varios segundos de pérdida parcial de la visión, justamente cuando ambos vehículos circulan a velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora.
A esa velocidad, un solo segundo sin visión adecuada implica recorrer decenas de metros prácticamente a ciegas.
Lo llamativo es que el problema no radica en la tecnología LED o en el xenón en sí mismas. De hecho, la normativa permite perfectamente estos sistemas cuando forman parte del equipamiento original del vehículo y fueron homologados por el fabricante antes de su comercialización. En esos casos, las ópticas, los proyectores, el sistema de regulación de altura, la distribución del haz luminoso y todos los componentes fueron diseñados para trabajar conjuntamente, cumpliendo con las exigencias técnicas de homologación.
Por ello, "basta revisar el manual de usuario de cualquier vehículo equipado originalmente con faros LED o de xenón para comprobar que esa configuración integra las especificaciones técnicas aprobadas durante el proceso de homologación del modelo", advierte un conocido comerciante del sector automotor en Córdoba.
El verdadero problema aparece cuando un vehículo que salió de fábrica con ópticas halógenas es modificado mediante la instalación de kits LED o de xenón no previstos para ese sistema óptico. Aunque la lámpara pueda encajar físicamente en el portalámparas, el reflector y la óptica fueron diseñados para una fuente luminosa diferente. Como consecuencia, el haz deja de proyectarse correctamente sobre la calzada y comienza a dispersarse hacia arriba y hacia los laterales, provocando el temido encandilamiento del tránsito que circula en sentido contrario.
La ingeniería de iluminación vehicular establece límites precisos para la intensidad del haz luminoso. Conforme a los parámetros técnicos internacionales utilizados para la homologación de sistemas de iluminación, la intensidad combinada de los haces encendidos simultáneamente no debe superar aproximadamente las 225.000 candelas en luces bajas y las 340.000 candelas en luces altas, justamente para evitar que la iluminación destinada a mejorar la visibilidad del conductor se transforme en un factor de riesgo para los demás usuarios de la vía.
Cuando un vehículo es modificado sin respetar esas especificaciones, nadie garantiza que esos límites continúen cumpliéndose. En muchos casos, los kits comercializados prometen "más potencia" o "mayor alcance", pero esa mejora suele lograrse incrementando la intensidad luminosa sin realizar el correspondiente rediseño óptico del conjunto.
El resultado puede observarse cada noche en las rutas de Córdoba: conductores obligados a bajar la vista hacia la banquina para evitar el encandilamiento, motociclistas prácticamente invisibles detrás de una cortina de luz blanca y maniobras defensivas realizadas en cuestión de segundos para recuperar la visión.
Frente a esta realidad surge un interrogante inevitable: ¿dónde están los controles?
La Policía Caminera de Córdoba desarrolla diariamente operativos destinados a verificar documentación, alcoholemia, velocidad y condiciones generales de circulación. Sin embargo, resulta poco frecuente advertir controles específicos orientados a detectar modificaciones irregulares en los sistemas de iluminación, aun cuando muchas de ellas son fácilmente perceptibles a simple vista por la intensidad y el color del haz luminoso.
La ausencia de controles sistemáticos genera un efecto previsible: la proliferación de vehículos modificados. A medida que aumenta el número de automóviles equipados con sistemas no homologados, también crece el riesgo para quienes circulan correctamente y deben enfrentarse, durante la conducción nocturna, a haces de luz que exceden la intensidad para la cual fueron diseñadas las rutas y las normas de tránsito.
La seguridad vial no depende únicamente del conductor que incumple la ley. También exige un Estado presente que fiscalice de manera efectiva aquellas conductas que ponen en riesgo a terceros. Si un sistema de iluminación fue homologado por el fabricante, debe conservar las condiciones técnicas que justificaron esa aprobación. Si fue modificado sin respetar esos parámetros, corresponde verificarlo y, de ser necesario, impedir su circulación hasta que recupere las condiciones reglamentarias.
El debate no debería plantearse entre quienes prefieren luces halógenas, LED o de xenón. La verdadera discusión pasa por otra cuestión mucho más importante: que cada vehículo circule con el sistema de iluminación para el cual fue diseñado y homologado, garantizando así no solo la visibilidad de quien conduce, sino también la seguridad de todos los que comparten la ruta.
La tecnología puede salvar vidas cuando se utiliza dentro de los parámetros para los cuales fue concebida. Pero cuando se modifica sin control y sin fiscalización, puede convertirse en un riesgo silencioso que acompaña cada viaje nocturno por las rutas argentinas.
Al respecto, la propia POLICIA DE LA PROVINCIA DE CORDOBA, promociona en su sitio web el uso adecuado de las luces en rutas de la provincia. en su sitio web
Cada vez es más frecuente encontrar automóviles, camionetas y utilitarios que circulan de noche con una intensidad lumínica capaz de encandilar a quienes transitan en sentido contrario. Para el conductor afectado, ese encandilamiento puede significar varios segundos de pérdida parcial de la visión, justamente cuando ambos vehículos circulan a velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora.
A esa velocidad, un solo segundo sin visión adecuada implica recorrer decenas de metros prácticamente a ciegas.
Lo llamativo es que el problema no radica en la tecnología LED o en el xenón en sí mismas. De hecho, la normativa permite perfectamente estos sistemas cuando forman parte del equipamiento original del vehículo y fueron homologados por el fabricante antes de su comercialización. En esos casos, las ópticas, los proyectores, el sistema de regulación de altura, la distribución del haz luminoso y todos los componentes fueron diseñados para trabajar conjuntamente, cumpliendo con las exigencias técnicas de homologación.
Por ello, "basta revisar el manual de usuario de cualquier vehículo equipado originalmente con faros LED o de xenón para comprobar que esa configuración integra las especificaciones técnicas aprobadas durante el proceso de homologación del modelo", advierte un conocido comerciante del sector automotor en Córdoba.
El verdadero problema aparece cuando un vehículo que salió de fábrica con ópticas halógenas es modificado mediante la instalación de kits LED o de xenón no previstos para ese sistema óptico. Aunque la lámpara pueda encajar físicamente en el portalámparas, el reflector y la óptica fueron diseñados para una fuente luminosa diferente. Como consecuencia, el haz deja de proyectarse correctamente sobre la calzada y comienza a dispersarse hacia arriba y hacia los laterales, provocando el temido encandilamiento del tránsito que circula en sentido contrario.
La ingeniería de iluminación vehicular establece límites precisos para la intensidad del haz luminoso. Conforme a los parámetros técnicos internacionales utilizados para la homologación de sistemas de iluminación, la intensidad combinada de los haces encendidos simultáneamente no debe superar aproximadamente las 225.000 candelas en luces bajas y las 340.000 candelas en luces altas, justamente para evitar que la iluminación destinada a mejorar la visibilidad del conductor se transforme en un factor de riesgo para los demás usuarios de la vía.
Cuando un vehículo es modificado sin respetar esas especificaciones, nadie garantiza que esos límites continúen cumpliéndose. En muchos casos, los kits comercializados prometen "más potencia" o "mayor alcance", pero esa mejora suele lograrse incrementando la intensidad luminosa sin realizar el correspondiente rediseño óptico del conjunto.
El resultado puede observarse cada noche en las rutas de Córdoba: conductores obligados a bajar la vista hacia la banquina para evitar el encandilamiento, motociclistas prácticamente invisibles detrás de una cortina de luz blanca y maniobras defensivas realizadas en cuestión de segundos para recuperar la visión.
Frente a esta realidad surge un interrogante inevitable: ¿dónde están los controles?
La Policía Caminera de Córdoba desarrolla diariamente operativos destinados a verificar documentación, alcoholemia, velocidad y condiciones generales de circulación. Sin embargo, resulta poco frecuente advertir controles específicos orientados a detectar modificaciones irregulares en los sistemas de iluminación, aun cuando muchas de ellas son fácilmente perceptibles a simple vista por la intensidad y el color del haz luminoso.
La ausencia de controles sistemáticos genera un efecto previsible: la proliferación de vehículos modificados. A medida que aumenta el número de automóviles equipados con sistemas no homologados, también crece el riesgo para quienes circulan correctamente y deben enfrentarse, durante la conducción nocturna, a haces de luz que exceden la intensidad para la cual fueron diseñadas las rutas y las normas de tránsito.
La seguridad vial no depende únicamente del conductor que incumple la ley. También exige un Estado presente que fiscalice de manera efectiva aquellas conductas que ponen en riesgo a terceros. Si un sistema de iluminación fue homologado por el fabricante, debe conservar las condiciones técnicas que justificaron esa aprobación. Si fue modificado sin respetar esos parámetros, corresponde verificarlo y, de ser necesario, impedir su circulación hasta que recupere las condiciones reglamentarias.
El debate no debería plantearse entre quienes prefieren luces halógenas, LED o de xenón. La verdadera discusión pasa por otra cuestión mucho más importante: que cada vehículo circule con el sistema de iluminación para el cual fue diseñado y homologado, garantizando así no solo la visibilidad de quien conduce, sino también la seguridad de todos los que comparten la ruta.
La tecnología puede salvar vidas cuando se utiliza dentro de los parámetros para los cuales fue concebida. Pero cuando se modifica sin control y sin fiscalización, puede convertirse en un riesgo silencioso que acompaña cada viaje nocturno por las rutas argentinas.







